sábado, 21 de marzo de 2015

Después de la tormenta...





La tormenta nos había pillado desprevenidos en el interior del pantano, y la corriente empezaba a provocar una deriva transversal que nos alejaba de la ruta de regreso, cosa que empezó a inquietarnos un poco, pero la maestría y la seguridad que nos transmitía el Capitán, hicieron que nos sintiéramos tranquilos. 

M se había colocado en popa, con la caña, mientras nosotros permanecíamos en la bancada de la bañera, inquietos y expectantes a su mirada y a sus movimientos. Teníamos las velas izadas y la botavara se movía con brusquedad sobre nuestras cabezas, emitiendo una especie de quejidos lastimeros, que sumados al frío viento, y la oscuridad que iban tomando posesión del lugar, convirtieron el momento en algo para recordar. 

En el fragor de la tormenta el capitán no perdió su compostura, pero en un momento dado pudimos percibir un ligero tono de preocupación en sus palabras "entrad en el camarote", nos dijo... 

Ayudé a la princesa a acomodarse en el interior, pero volví mi mirada hacia el capitán para ponerme a su disposición en lo que pudiera necesitar, tal vez para tirar y ajustar los cabos. 

Los minutos iban transcurriendo y la lluvia, y un frío demoledor, consiguieron bloquearme y hacer que mis músculos no reaccionaran a mis órdenes, aunque tampoco estoy seguro de si funcionaba la máquina de las órdenes... 


Después de la tormenta...


Después de la tormenta, siempre viene la calma, en este caso acompañada de una bella puesta de sol y unos Gin Tonics.

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